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«Lo más hermoso de la literatura es ver la propia verdad expresada en palabras de otra persona»

«Lo más hermoso de la literatura es ver la propia verdad expresada en palabras de otra persona»


Karmele Jaio, escritora y periodista.

Hemos hablado con la periodista y escritora Karmele Jaio (Gasteiz, 1970), responsable de comunicación de Emakunde y una de las autoras vascas de mayor éxito.

Es viernes, una mañana fría de enero, con el cielo despejado.  Las calles parecen recién limpiadas, y no hay una sola nube. Un día precioso para trasladarnos a Gasteiz, a un lugar que tiene un significado especial para LABORAL Kutxa: fuimos la primera empresa colaboradora de Emakunde, allá por el año 1997. Y en la sede de Emakunde nos hemos reunido. Nuestra invitada es la responsable de comunicación de dicha institución y, si nos atenemos al número de lectores, una las escritoras vascas de mayor éxito o, tal vez, «la» de más éxito. La conocimos tras la publicación de una colección de cuentos, Hamabost zauri, tras la cual vinieron Zu bezain ahul y Ez naiz ni, publicada también en castellano bajo el título No soy yo. Pero el éxito de verdad llegó con sus tres novelas, especialmente con dos de ellas. Amaren eskuak ha sido traducida a varias lenguas, ha tenido más de 30 ediciones, fue llevada al cine por Mireia Gabilondo y obtuvo el premio de la Academia 111. Por su parte, Aitaren etxea lleva tres años en la lista de libros más vendidos, y recibió un Premio Euskadi, además del reconocimiento de la academia de lectores. Antes de comenzar a escribir libros (superventas y de excelente calidad), Karmele Jaio trabajó en el Grupo Noticias, en las secciones de cultura y de deportes. Nació en 1970, en la ciudad en la que trabaja y vive. Optó por una profesión —el periodismo— impulsada por la misma pasión que lleva a mucha gente a estudiar dicha carrera. Vocación, sí, pero también afición y amor por la lengua. La literatura y el periodismo no se diferencian tanto en cuanto a las herramientas que usan, pese a tratarse de ámbitos radicalmente distintos.

 

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KARMELE JAIO. En mis obras aparecen muchas familias, y me interesa especialmente el silencio que se produce dentro de ellas; creo que es el tema central de mis libros: cuánta comunicación hay en el seno de las familias, cuánto se dice, cuántas cosas permanecen ahí congeladas…

 

Aprendí mucho en mi época de periodista. Por una  parte, que al deporte se le dedica mucho espacio. Hay un entrenamiento de un equipo; por tanto, habrá que dedicarle una página entera, ¿no? Si eso no es literatura… Hay mucho de creativo en ese trabajo. Por otra parte, también redactaba las crónicas de los partidos del Baskonia. Hacer crónicas era, de alguna manera, como escribir cuentos, y su estructura también me resultaba similar. Todo era muy rápido, muy urgente. ¡La rotativa está a punto de ponerse en marcha! Mucha presión. Aprendí mucho en aquella época.

 

Trabajas con las palabras, con un objetivo determinado, y tienes qué pensar qué estructura utilizar, qué palabras, en qué orden… En ese aspecto, son profesiones similares. Lo que pasa es que en cada una de ellas utilizas un efecto u otro, un nivel de efectividad u otro, diferentes materiales o estrategias…, pero, al fin y al cabo, estás usando una herramienta y palabras para comunicarte. Las palabras son tu materia prima. Para mí, la diferencia es considerable, al menos por lo que a la actitud se refiere

 

IRATI JIMÉNEZ (LABORAL Kutxa). ¿Es otro tipo de «ceremonia», verdad?

 

KARMELE. Efectivamente, es otro tipo de «ceremonia». Y yo también me expreso de otra manera. En el periodismo, trabajas más de cara al exterior; en la literatura, por el contrario, hacia el interior y el exterior. Pero las herramientas son las mismas en ambos casos.

 

IRATI (LK). Nuestra invitada nos ha desvelado, nada más empezar la entrevista, la clave para entender el porqué del éxito y de la fuerza de su literatura, así como su punto de vista sobre esta: mirar hacia dentro. La literatura puede decir muchas mentiras, pero no es una mentirosa muy hábil. La verdad es su auténtica patria.

 

KARMELE. Cuando hablamos de literatura, de darle el valor que se merece, muchas veces hablamos de originalidad. Sin embargo, creo que la autenticidad está por encima de la originalidad, y que esa es la vía para ser original. Ser escritora —o escritor— es ser fiel a lo que llevas dentro, a tu propia mirada. Eso es fundamental. En otros ámbitos, la mentira funciona,  pero en la literatura lo que vale es la verdad. No hablo de la verdad sobre algo que te ha sucedido, sino de lo que te pide el cuerpo. No sé cómo expresarlo… Para mí, esa es la clave. Y muchas veces tengo o he tenido la sensación de que no soy yo quien elige los temas. Cuando empecé a escribir Aitaren etxea, por ejemplo, y me di cuenta de hacia dónde estaba encauzando el libro, pensé: «¿Estás segura, Karmele? ¿Te vas a meter en ese jardín?». No sé…; necesitaba fuerza para meterme ahí, pero no tenía más remedio que hacerlo. Aparece un tema, te envuelve, y no tienes más remedio que abordarlo. Y si no lo haces, si decides que no vas a escribir lo que te está pidiendo el cuerpo —sea porque está de moda, sea porque intuyes que no les va a gustar a tus lectores—, no estás siendo fiel a ti misma. Esa es una de las claves.

 

IRATI (LK). La escritora ve una imagen; aparece algo que debe revelar la narración que hay al otro lado de la brecha, algo que funciona como una médium de sí misma. Para escribir bien, debe tomar decisiones conscientes, pero lo que tiene que contar es aquello que surge de su interior, lo que le sale de dentro. Es lo que pensaba Charles Baudelaire, el primer poeta de la modernidad, y es lo que piensa también nuestra invitada.

 

KARMELE. Ese es otro de los motivos por el que nos resulta difícil hablar sobre lo que escribimos. A mí, por lo menos, me resulta difícil. Cuando acabas de escribir un libro, no sabes qué has hecho exactamente. Al principio, al menos.

 

IRATI (LK). Estás demasiado cerca para ver con perspectiva.

 

KARMELE. En efecto. Y cuando alguien te pregunta «¿de qué va el libro?»… No hay pregunta más difícil que esa.

 

IRATI (LK). Es muy difícil saber cuál es exactamente el tema del libro, incluso para la autora.

 

IRATI (LK). ¿Por qué? Pues porque en ese proceso hay un aspecto racional pero también hay otro irracional, una especie de inercia de algunas emociones que permanecen escondidas en tu interior, todo lo que te ha sucedido en la vida, lo que ha quedado acumulado ahí dentro…; hay algunas cosas que van saliendo sin que tú las controles; no las puedes controlar, no lo puedes explicar. Entonces, ¿qué haces? Inventas un relato.

 

IRATI (LK). No es mentira, pero es un relato.

 

KARMELE. Un relato… He aquí mi respuesta para esa pregunta. Escoges esto y lo otro de un libro. Quieres contar algo. Pero siempre, siempre, es el libro el que lo explica, no la autora. Para mí, eso… He tenido que escribir un libro para expresar lo que quería decir.

 

IRATI (LK). ¡A lo mejor no sé escribir de manera más breve!

 

KARMELE. No lo sé. He necesitado un libro para intentar saberlo. ¡No puedo contarte de qué va!

 

IRATI (LK). Se dice con frecuencia que puede saber más que un escritor un libro escrito por este. Dicho milagro se lo debemos a la ceremonia mágica de la literatura: el escritor —la escritora— utiliza, además de ideas, emociones, intuición, sensibilidad… para hacer su trabajo. El resultado de todo ello puede ser sorprendente. Y Karmele Jaio se ha sorprendido a sí misma en más de una ocasión, sobre todo cuando ha retomado sus propios trabajos como traductora.

 

KARMELE. Traducir mis propias obras es una oportunidad de observar y de conocer mejor mi manera de escribir: puedo ver algunas cosas que no he visto durante el proceso creativo.

De esa manera, es como si miraras desde otro lugar, desde fuera, aquello que has escrito. Luego, descubres por qué dices lo que dices. El germen estaba ahí, mis preocupaciones iniciales o lo que sea…, pero en aquel momento yo no lo sabía. Cuando escribí Amaren eskuak, mi madre estaba muy bien, pero todo el mundo me preguntaba: «¿A tu madre le ha sucedido eso?». Sin embargo, años después pensé en por qué me había puesto a escribir aquel libro, y me he dado cuenta de que ves a tu madre en un momento determinado, que tu padre está envejeciendo, y creo que fue entonces cuando surgió en mi mente aquella preocupación, sin que yo me percatara. Y así fue como empecé a escribir el libro y surgió el tema; yo creo que estaba en mi inconsciente, y que por eso lo elegí.

 

IRATI (LK). Los libros que se escriben guiados por esa fuerza inconsciente, los que obedecen a una voz interna tuya, los que pretenden saciar una sed profunda…, esos suelen ser poderosos.   Pero no podemos afirmar que sean libros elegidos por el autor, por la autora, sino libros que le han advenido.

 

KARMELE. Convocar, elegir… No los eliges tú. Son los que llevas dentro, en ese momento de tu vida. La autenticidad que he mencionado antes es la que hace que, luego, haya una identificación con el lector. Porque, en realidad, no somos tan diferentes, ni lo son tampoco tu verdad y la mía. Y lo más hermoso de la literatura es ver la propia verdad expresada en palabras de otra persona.

 

IRATI (LK). Son momentos, ¿verdad? Creo que a los lectores nos engancha porque vemos expresado en palabras lo que a cierto nivel ya percibíamos y la realidad se vuelve transparente. Es una sensación poderosa.

 

KARMELE. Y creo que eso que siente el lector lo ha sentido el escritor en el proceso creativo inicial. Tenía algo a lo que todavía no había dado forma, y ha necesitado ese proceso creativo para moldear todo eso que estaba desordenado; es una especie de sintaxis. ¿Qué para qué? Para darle sentido, o para comprenderlo.

 

IRATI (LK). Es como ir con una linterna, en la oscuridad, buscando aquello que quieres contar. Un tramo del camino está iluminado; el resto, sumido en la oscuridad. De vez en cuando, tienes que retroceder porque se ha acabado el camino, porque no era eso lo que llevabas dentro, lo que querías contar. Es un proceso de revelación; eso es la literatura para Karmele Jaio.

 

KARMELE. Siempre tengo la impresión de que voy buscando esa sensación. Escribo llena de preguntas, eso lo tengo claro. Esto tiene sus cosas buenas, sus riesgos y su lado positivo. Para mí, lo positivo es que vas a descubrir algo. Si antes de ponerme a trabajar sé lo que voy a contar, ¿por qué escribir un libro para saber lo que quiero decir? Quiero descubrir qué es lo que quiero decir. Pero eso también tiene sus riesgos. En un determinado momento, vas abriendo ventanas, puertas…, te encuentras con una pared y tienes que retroceder. Me ha sucedido muchas veces. Por ejemplo, con Aitaren etxea. He dicho muchas veces aquello de: «Tanto tiempo para escribir esto, y total, que no sirve para nada». Pero siempre vale. Siempre vale. Empiezas, y sigues, sigues…, y siempre sirve, aunque sea para saber que no es por ahí por donde hay que tirar. Si veo que no sirve, me da igual haber estado un año escribiendo; lo tiro, y punto. Porque quiero encontrar el camino.

 

IRATI (LK). Karmele Jaio ha escrito tres novelas, otras tantas colecciones de cuentos y un libro de poemas para contar las verdades que ha encontrado en ese camino. El libro de poemas (Orain hilak ditugu) nos habla de una experiencia universal relacionada con el envejecimiento: la muerte de las personas a las que queremos.

 

 

La familia. Ese ha sido el tema principal de las poesías, cuentos y novelas de Karmele Jaio: la persona (el animal humano) en sus relaciones más íntimas, en su intimidad, fuera del espacio público.

 

KARMELE. Miro hacia atrás en el tiempo para ver todo lo que he escrito, y me percato de que principal preocupación está en las relaciones humanas, en las relaciones entre las personas. Para mí, todo lo demás es decorado, pura fachada. También es muy importante la ubicación de los personajes, porque influye en la intimidad de sus vidas. Y las situaciones sociales… Pero tal vez se deba a que estoy centrada en eso, y, además, en la zona oculta. En las palabras que no se dicen. Para mí, ahí está la cantera, en esas palabras que se nos quedan dentro todos los días. Siempre me ha parecido más interesante lo que decimos sin decirlo. Y también en los personajes es más interesante que lo que le dicen a la otra persona lo que están pensando mientras tanto.  Tal vez sea ese el motivo por el que lo vivo como un ejercicio de focalización en el mundo interior.

 

 

IRATI (LK). Karmele Jaio se ha sentido cómoda —hasta ahora— bajo los dictados del realismo: ha escrito narraciones contemporáneas y ejercicios centrados en los personajes que exploran más lo que no se dice que lo que se dice. Todo ello con estilo transparente, de manera que el lector vea la mano de la madre, no la de la escritora.

 

KARMELE. Para mí, es muy importante ver bien todo el contexto, para que los lectores también lo vean bien y, además, no vean mi mano en ocasiones. Le llamo «la función del limpiaventanas».  El escritor —la escritora— debe limpiar muy bien la ventana, para que el lector —la lectora— vea lo que hay al otro lado. Pero no debe ver la mano. El lector debe tener la sensación de que… Esa transparencia es muy importante para mí.

 

IRATI (LK). La lengua no debe presentar obstáculos a esa labor: debe ponerse al servicio del escritor, para que este (esta) exponga su verdad, con palabras mil veces utilizadas, analizando con detalle, limpiamente, el significado de cada una de ellas.

 

KARMELE. Mientras escribo, siento una permanente tensión para con el lenguaje. Una tensión permanente, que es positiva, pero permanente. Creo que se produce una tensión entre lo que tú quieres decir y lo que quiere decir el lenguaje que utilizas. O entre lo que quieres decir y lo que el lenguaje quiere hacerte decir. Como si yo tuviera un cesto donde elegir las palabras que uso. Empiezo a escribir y, ¡hala!, ahí tengo las palabras. Cojo una palabra, y viene acompañada de otras cuatro, todas ellas lógicas, todas ellas coherentes con la palabra que he elegido… Entonces, el lenguaje te dice que «si eliges esta palabra, recuerda que viene junto con estas otras», como en una ristra de chorizos.  Pues esa es la labor de quienes escribimos: romper esa dinámica. Llega un momento en el que tienes que decidir que no vas a usar este término, sino este otro, aunque el lenguaje te diga lo contrario y te lleve a un lugar lógico, común. Es lo que le da fuerza a tu trabajo. Hay una guerra entre el lenguaje y entre quien escribe. En mi caso, es muy importante eso que has dicho, porque la simplicidad favorece la efectividad. De todos modos, eso no significa que la belleza no sea importante para mí. Al contrario: en mi opinión, para que un texto sea hermoso debe ser efectivo, para que la lectora y el lector puedan sentir ese «efecto belleza». No sé si mi procedencia profesional —el periodismo— tiene que ver con ello. Aprendí a explicarlo todo al principio del texto, con la máxima claridad y brevedad posibles. Es posible que también eso tenga que ver con el inconsciente. Sea como fuere, siempre tengo bien presente que hay alguien al otro lado y que quiero transmitirle de la manera más eficaz posible la imagen, la palabra, la emoción que llevo en mi mente en ese momento.

 

IRATI (LK). Nire aitaren etxea defendituko dut (Defenderé la casa de mi padre) escribió Gabriel Aresti, el poeta al que podríamos considerar el padre de la literatura vasca contemporánea. Karmele Jaio ha titulado Nire aitaren etxea su última novela, la primera en la que aparece un hombre entre las protagonistas. Y muchas veces ha reconocido la autora que «crear» ese hombre le produjo vértigo.

KARMELE. Sí, entré con miedo, con respeto. Mi mayor temor era que pudiera crear una caricatura. Es decir, algo del estilo de «los hombres son así, y las mujeres asá». Ese era mi mayor temor.

 

IRATI (LK). El objetivo no era, obviamente, explicar cómo son los hombres, sino crear un hombre y presentarlo. Con todas sus contradicciones, y con la inseguridad que provoca la otredad.

 

KARMELE. No tienes esa seguridad; es difícil evitar la tentación de decir aquello de «este personaje es así, este otro es asá». En Aitaren etxea, me he esforzado en exponer la complejidad y las contradicciones de cada uno de ellos. He intentado alcanzar ese equilibrio. Tienes que conseguir que el lector entienda cómo es ese personaje, tienes que darle información: «Este es así, pero también puede ser asá». Si el lector no lo siente, no queda bien definido el asunto.

 

IRATI (LK). El protagonista de Aitaren etxea, Ismael, es escritor, pero no escribe; está casado con una mujer que no es escritora pero que escribe; es hijo de un padre que se va haciendo viejo, y padre de una hija que se está haciendo mujer. Y no sabe cómo ser a un tiempo escritor, marido, padre, hijo. Karmele Jaio ha creado un hombre que no acierta a serlo, y parece que ha sido una creación acertada, incluso entre los hombres.

 

KARMELE. Hasta ahora, la inmensa mayoría de los personajes de mis obras eran mujeres. Hay una especie de prejuicio según el cual cuando hablamos de mujeres estamos hablando para las mujeres. En esta ocasión, el tema es el padre, y he notado un cambio; me han escrito muchos hombres, de todo tipo: mayores, jóvenes. Ha sido una experiencia muy agradable. Otros me han dicho que les he removido las entrañas, o que les he hecho ver cosas que hasta entonces no veían o que hacían sin darse cuenta. En cualquier caso, son muchos los que me han dicho que les ha emocionado esa imposibilidad de comunicación entre padre e hijo, esa incapacidad de expresar emociones. Nunca se habían dirigido a mí tantos hombres, todos ellos para decir algo sobre mi libro. Me he sentido muy bien, he notado que mi creación ha sido bien recibida. sin duda alguna. Muchos me han dicho que es de agradecer que cuente así las cosas, teniendo en cuenta el punto de vista y las motivaciones del hombre, recordando que todos tenemos alguna razón para hacer lo que hacemos. Y «eso que hacemos» puede ser lo peor del mundo. Hablar de dichas razones, eso es lo que agradecen los hombres que me escriben. «Hace esto, pero mira qué carga soporta», vienen a decir. Eso es lo que me agradecen, que también cuente eso.

 

IRATI (LK). No es fácil avanzar en el ámbito de la igualdad de género. Entre las entidades financieras del estado Español, por ejemplo, LABORAL Kutxa es la única que cuenta con el mismo número de mujeres que de hombres en su Consejo Rector. Hay mucho por hacer, tanto en lo político como en lo económico y lo social, así como en lo personal. Nuestra invitada opina que la literatura puede servir de ayuda.

 

KARMELE. La literatura tiene la capacidad de expresar lo complejo… Decía Kundera que una novela te enseña que el mundo es más complicado de lo que creías, que hay muchos matices. Vivimos en una sociedad en la que nos empujan cada vez más a enfrentarnos entre nosotros, a elegir entre blanco o negro. Pero esa no es la lógica de la vida. Creo que la literatura nos ayuda y nos ofrece herramientas para mostrar dicha complejidad, y hacerlo con precisión. Para ser compleja, la literatura debe ser precisa. Debe aterrizar con todos esos conceptos que llevamos en nuestras mentes. Sé que son palabras altisonantes. El patriarcado, por ejemplo. Esas palabras no entran fácilmente en nuestros oídos. Lleva ese término (patriarcado) a una cena familiar, por ejemplo. Y no es fácil. Yo lo he intentado; he tratado de llevar todo eso a nuestra vida cotidiana, a las emociones, y por eso creo que se entiende mejor la resistencia de los lectores. También creo que en la literatura pasamos del mundo de las ideas al de las emociones.  Y en el mundo de las ideas siempre estamos pensando en qué piensa el otro: mientras tú me dices algo, yo ya estoy pensando en qué voy a responderte. Pero al mundo de las emociones entramos desarmados. Nos identificamos con el mundo de las emociones, porque todos hemos sentido, por ejemplo, el enfado. ¡Qué poder tiene la literatura! Estás leyendo una obra sobre un asesino, y no quieres que lo atrape la policía. Y el protagonista es… ¡un desgraciado! ¡Qué poder el de le literatura para eso, para la empatía! Creo que es lo más poderoso que tiene la literatura. Que entra por esas grietas, que consigue introducirse por esas brechas.

 

IRATI (LK). Profesionalidad, respeto por la lectora y el lector, dominio del oficio, honradez, amabilidad… He ahí los valores que han guiado la obra literaria de Karmele Jaio estos últimos 20 años. Convencida del poder de la literatura, la suya es poderosa. Es así como lo hacen todos los escritores auténticos: descubrir qué querían decir, para contar algo auténtico. Al salir de la sede de Emakunde, no puedo sino agradecer sinceramente a Karmele Jaio toda la autenticidad que hemos descubierto en ella.

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