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«El euskera ha dado un gran salto cualitativo»

«El euskera ha dado un gran salto cualitativo»


Martxelo Otamendi, periodista

Martxelo Otamendi nació en Tolosa en 1957 y, con 36 años, aceptó el reto de dirigir el periódico Euskaldunon Egunkaria. Nos cuenta que por aquel entonces estaba en una edad golfa y que siempre ha aceptado con facilidad nuevas aventuras. De hecho, pasó rápidamente de ser alumno a ser profesor de euskera en el euskaltegi municipal de Tolosa y, de allí, dio el salto a la televisión. En la larga entrevista que nos ha concedido en el Parque Cultural Martin Ugalde le hemos preguntado qué habría pensado aquel Martxelo Otamendi de 36 años si hubiese sabido la enorme trayectoria que tendría ese pequeño proyecto.

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MARTXELO OTAMENDI: A Joxemi Zumalabe, cuando murió, le hicieron un homenaje en Larraitz, a los pies del Txindoki. Se plantó un árbol y yo asistí a aquel evento. En esa época estaba trabajando en la ETB. Más adelante, Joan Mari me contó que, cuando me vio, les dijo a las personas que tenía al lado que necesitaban un director porque Iñaki Uria iba a pasar de ser director a ser consejero delegado. Joan Mari les dijo: «Ahí tenemos a nuestro chico».

IRATI JIMENEZ (LABORAL Kutxa): Han pasado ya tres décadas desde entonces y durante todo ese tiempo aquel chico ha sido director del único periódico en euskera. Se puso al frente de Euskaldunon Egunkaria el 6 de junio de 1993, puesto en el que seguía cuando ordenaron cerrar el diario por decisión judicial. En la actualidad, es director del periódico Berria, desde 2003. Es cierto que venía de trabajar como profesor de euskera, pero contaba ya con experiencia en el periodismo porque anteriormente había trabajado como redactor de recetas para el suplemento del periódico en euskera Egin, además de como presentador, guionista y director de programas de Euskal Telebista (entre otros, en Babel, Ikimilikiliklip y Flamingo berria). En concreto, cuando Joan Mari Torrealdai y el periódico Egunkaria vinieron a llamar a su puerta, presentaba el magacín Egonean giro, que se emitía al mediodía. Les pidió una semana para pensarlo, pero, hace 30 años, Martxelo Otamendi necesitó solo dos días para aceptar el puesto de director de Euskaldunon Egunkaria.

MARTXELO: Les dije que necesitaba un poco de tiempo para pensármelo y que les respondería una semana más tarde. Luego, les llamé el segundo día y acepté, pero les pedí que esperasen un poco. Y me esperaron. Hacía tres años que se había fundado el periódico Egunkaria y no se tenía ningún tipo de expectativa, pero, al igual que ha sucedido con otros muchos proyectos de este país, ha llegado a ser mucho más de lo que imaginábamos.

IRATI (LK): Más multimedia…

MARTXELO: Sí, se ha convertido en un proyecto mucho más grande, y también ha crecido en número de personal. Cuando entré, publicábamos treinta y dos páginas, pero, hoy en día, por razones económicas o por crisis de medios, se hacen menos. Yo conocí la época del boicot por parte del Gobierno y el acuerdo al que se llegó un año después con Joseba Arregi. En aquella época empezamos a publicar contenidos de las secciones infantil y juvenil, se fue sumando más gente y la plantilla creció bastante. Yo no estuve en los tres primeros años de penuria, pero, cuando entré, la situación tampoco era buena. Recuerdo que a veces cobrábamos más tarde la paga extra. Lo bueno es que ha tenido una gran trayectoria. En la actualidad es un periódico de prestigio, que cuida la calidad y que cuenta con un gran equipo de periodistas, al igual que el equipo de todos los demás servicios. Claro que siempre hay cosas que mejorar, pero las expectativas iniciales se han superado con creces. Los fundadores y el propio Joan Mari me decían que al principio lo sacaron para un año, sin saber cuántos más podría durar. Hoy en día es una empresa sólida, con 160 personas trabajadoras, que factura diez u once millones al año…

IRATI (LK): Hay muchas empresas más pequeñas…

MARTXELO: Sí, hay empresas que fomentan la actividad cultural vasca, con Elkar…

IRATI (LK): ¿Quizás, el mayor número de personas se suma con Elkar?

MARTXELO: El mayor número de personas se forma con Elkar, Elhuyar, son empresas grandes. Y no nació así, cuando se creó…

IRATI (LK): Además, vertebra…

MARTXELO: Sí, sí. Hoy en día es un referente, no solo en prensa, sino también dentro de la actividad cultural vasca, estoy convencido de ello. Al Martxelo de entonces le sorprendería ver cómo está hoy el periódico y hasta dónde ha llegado.

IRATI (LK): El Berria de hoy no se parece mucho al Euskaldunon Egunkaria de aquella época. En aquel momento era un proyecto que acababa de nacer e intentaba conseguir ayudas del Gobierno Vasco para salir adelante. Hoy en día es el medio de comunicación más grande dentro del ámbito de la actividad cultural vasca. Es un gran proyecto en red, con suplementos locales, con televisión (Berria TB). Es un amplio proyecto de comunicación multimedia, formado por muchas secciones. Martxelo Otamendi considera que su contribución más importante ha sido su deseo de contar el mundo. Aunque es el periódico de una comunidad lingüística concreta, su ambición es contar el mundo, no contar únicamente lo que sucede en esa comunidad.

MARTXELO: Hoy en día, con la digitalización, no hace falta ser una empresa muy rica ni muy adinerada para poder hacer ese tipo de cosas. La digitalización ha acercado a personas pobres y a ricas, y cada vez nos acerca más, el éxito radica cada vez más en la capacidad personal. El dinero ayuda, siempre ayuda, pero la capacidad es cada vez más importante. Hay que aspirar a hacer cosas. Cuando Imanol Murua se fue a Atlanta, en la época de Carl Lewis, le dije: «Quiero verte en un rueda de prensa de Carl Lewis, sentado entre el Washington Post y el New York Times».

IRATI (LK): Ya que hemos repasado el éxito, nos toca ahora conocer la otra cara: ¿qué no habéis conseguido en estos 30 años?

MARTXELO: Mi fracaso más grande es el periódico. Nuestro periódico no se lee en los talleres.

IRATI (LK): ¿Te refieres a que la mayoría de las personas que lo leen tienen estudios universitarios?

MARTXELO: Sí, es como si siguiésemos en el antiguo esquema, en el de otra época. Entre los talleres y las oficinas, nuestro periódico, de leerlo, se lee en las oficinas. Nuestro periódico lo lee gente profesional. No hemos conseguido que se lea de forma más evidente. No hemos conseguido que se lea en los talleres, aunque esos talleres estén en zonas euskaldunes y aunque esas personas sean euskaldunes o tengan estudios de euskera.

IRATI (LK): Otamendi no ha conseguido que se lea el periódico Berria en los talleres, pero sí ha conseguido fortalecer todo el proyecto Berria. Cuando llegó a la dirección de Euskaldun Egunkaria, el proyecto intentaba conseguir ayudas del Gobierno Vasco. En 2019, Berria firmó el convenio con el Gobierno Vasco para reforzar la actividad comunicativa y garantizar la estabilidad económica del proyecto. Sin embargo, eso no significa que el futuro esté asegurado.

MARTXELO: El medio se mueve en la incertidumbre. Y hay medios alternativos en la red… Es lo que ha sucedido con ETB. En el pasado existían TVE 1 y TVE 2 y, en San Sebastián o en la zona de Navarra, los canales franceses. Después, al País Vasco Sur llegaron los canales privados españoles. Y, más tarde, ha llegado todo, el mundo al completo. En nuestro caso, ha pasado lo mismo. Antes teníamos tres o cuatro periódicos, pero ahora hay montones de ellos. Y, además, hay también nuevas formas de entretenimiento que antes no teníamos. En nuestra época, podías leer un libro o el periódico o ir a ver un partido al campo del fútbol, pero nada más.

IRATI (LK): El hecho de que la seguridad total no existe lo aprendió claramente en febrero de 2003, cuando el juez Juan del Olmo ordenó el cierre de Egunkaria y encarcelar a 10 personas. Siete años más tarde, el Tribunal Constitucional resolvió que aquella sentencia fue ilegítima. Y, otros dos años más tarde, Estrasburgo condenó a España por no haber investigado las denuncias de tortura de Martxelo Otamendi. El diario Berria, que surgió tras el cierre de Egunkaria, cumplirá 20 años en 2023, año en el que Otamendi se retirará de la dirección del periódico. Ese año se darán cita varias celebraciones: los 20 años de Berria, los 30 de Otamendi como director, la entrada de la nueva dirección del periódico y la junta anual de los medios de comunicación que publican en lenguas minoritarias europeas.

No sé si tú imaginas a Berria durante muchos más años, porque tengo que reconocer que cuesta un poco imaginar a Berria sin Martxelo Otamendi.

MARTXELO: Yo me jubilaré en junio del año que viene.

IRATI (LK): Sí. Así que tenemos que imaginarnos a Martxelo Otamendi sin Berria y a Berria sin Martxelo Otamendi. Y tú también tendrás que imaginarte sin Berria.

MARTXELO: Sí. Les debo mucho.

IRATI (LK) : Se podría decir que empiezas el último curso.

MARTXELO: Sí. Por edad, me tocaría jubilarme en diciembre.

IRATI (LK): ¡Ah! ¿Sí? Eso no lo sabía.

MARTXELO: Sí, pero, en junio del año que viene Berria cumplirá 20 años y yo cumpliré 30 como director. Celebraremos también la entrada de la nueva dirección. Y se hará también la junta de MIDAS. Por eso, vamos a hacer coincidir el aniversario, con el cambio de dirección y con la junta internacional de MIDAS.

IRATI (LK): Toca un año bonito, entonces.

MARTXELO: Sí, el fin de semana del 16 al 18 de junio organizaremos una gran fiesta en San Sebastián. Por lo demás, me correspondería en diciembre. Yo había dicho claramente: «Cuando me corresponda legalmente, me voy». Con eso quiero decir que hay que dejar paso a otras personas. Aquí ha funcionado muchos años el «síndrome de Arkonada».

IRATI (LK): ¿No se decía: «No pasa nada, tenemos a Arkonada»?

MARTXELO: Sí, pero no por eso. Yo me refiero a que nunca se lesionaba, nunca le sacaban la tarjeta roja, así que, como siempre era titular, el sustituto se pasaba tres o cuatro años sin jugar y acababa diciendo: «Me voy al Mirandés porque ya vale».

IRATI (LK): Claro, para no jugar…

MARTXELO: …me voy. Y aquí ha pasado lo que digo siempre en broma, que la subdirección cambia, pero el director sigue. Pues, se acabó. Se ha terminado. Me voy y dejo a la gente en paz.

IRATI (LK): Con lo de que deja a la gente en paz, ¿se refiere a que no quiere ser de esos que se retiran pero luego siguen por ahí dando la vara? Al grupo, a la comunidad de personas que forman la base de nuestro trabajo en LABORAL Kutxa, le ha llegado el momento de elegir sucesor o sucesora.

MARTXELO: A mí me gustaría hacer lo que Felipe González dijo que haría y que luego no hizo, convertirme en un jarrón chino: «el famoso jarrón que se coloca en una esquina y que, si no le preguntas, no habla».

IRATI (LK): Cierto, él no lo ha hecho.

MARTXELO: Por eso lo digo. Él no lo ha hecho, pero yo sí quiero hacerlo. Si me dicen: «Oye, que Irati Jiménez no nos quiere hacer una entrevista», entonces, te llamo; pero, de lo contrario, no. Hay que saber dejar en paz a la gente. Por ejemplo, si me dicen dentro de seis meses: «Martxelo, haz una entrevista sobre no sé qué del periódico», pues, diré que sí. Pero no voy a venir aquí a decir que hay que hacer cosas que en los 30 años que yo estuve no hice; es decir, después de haber estado aquí 30 años, ¿vuelvo y les digo que hagan cosas que yo mismo pude haber hecho y no hice?

IRATI (LK): Sí, sería un poco feo que alguien te preguntase: «¿Y por qué no lo hiciste tú?».

MARTXELO: Eso es.

IRATI (LK): Cuando le preguntamos sobre el futuro de Berria y de los medios de comunicación en euskera, nos comenta que no existe ninguna certeza porque no es fácil sobrevivir en el ecosistema digital, pero que da confianza saber que este pueblo ha salido adelante en situaciones mucho más difíciles.

MARTXELO: Una persona joven que lleve hoy en día un periódico debajo del brazo es una rara avis. Le daría un beso. Sin embargo, hubo una época en la que llevar un periódico debajo del brazo era una forma de decir: «Yo sí, yo soy de este periódico». Eso pasaba mucho con Egin o con Deia. También pasaba con El País, cuando se fundó en Madrid. En aquella época estaban Ya, ABC, Alcázar, que eran franquistas. Por eso, ir con El País significaba ir de progre, llevar esa etiqueta. En Cataluña, pasaba con el Avui… Todo eso forma parte de la historia. Yo creo, mejor dicho, yo tengo mucha confianza en este pueblo. Es un pueblo que ha salido adelante en épocas mucho peores. En mitad del franquismo sacamos adelante la canción vasca, el teatro… Hoy en día contamos con una generación que está más preparada que nunca, es la generación más preparada. En la Euskal Telebista hoy en día se pueden organizar mesas redondas de genética y de psicología. Yo tengo una oncóloga que me da todas las explicaciones en euskera. Es una mujer, de Leitza, en Navarra. Cuando habla, parece una periodista científica de Euskadi Irratia. Y hay muchos más casos como el de ella. El euskera ha dado un salto cualitativo grandísimo.

IRATI (LK): Menciona la oncóloga porque en mayo de 2016 le diagnosticaron cáncer de garganta. Afortunadamente, gracias a la atención recibida en Osakidetza, lo superó sin perder ni la salud ni la fluidez verbal.


Se ve claramente que el Otamendi que tan bien imita el actor Anjel Alkain tampoco ha perdido el sentido del humor, ya que compara, con total naturalidad, su situación con el cáncer y la situación actual de la canción vasca, para concluir que sale perdiendo la segunda.

MARTXELO: Llevamos muchos años haciendo diagnósticos. Haciendo uno detrás de otro. Me detectaron el cáncer en una biopsia, en un diagnóstico. Me dijeron: «Tienes esto. Tu tratamiento es de tres quimios, 30 sesiones de radio y tienes una probabilidad muy alta de que todo salga bien». Estoy curado, me curaron en cuatro meses, pero no se pasaron 10 años diagnosticando el cáncer.

IRATI (LK): Para tomar decisiones, hace falta valor; y, para mejorar la situación lingüística, hacen falta decisiones valientes. El euskera ha conseguido un gran nivel científico y técnico, se ha convertido en una lengua vehicular de la enseñanza, está unificado, tiene sus propios medios de comunicación y cuenta con personas expertas en todos los ámbitos. A pesar de todo, es necesario impulsar el número de hablantes.

MARTXELO: El salto cualitativo que ha dado el euskera durante estos 50 años no se puede comparar con el de ninguna otra época. Ahora está en una posición segura, pero el aspecto cuantitativo va más lento. La recuperación lingüística y el número de hablantes van más despacio y, si nos fijamos en la cifra de personas que lo hablan de manera más firme, vemos que el ritmo es todavía menor.

IRATI (LK): Por suerte y, a pesar de que a menudo tenemos la sensación de vivir en una situación de emergencia, el trabajo en grupo da sus frutos —algo que sabemos muy bien en LABORAL Kutxa—, y también los ha dado en el ámbito del euskera. Son muchas las cosas que se han hecho bien y, entre las lenguas sin estado, hay pocas en el mundo con el nivel de servicio del euskera.

MARTXELO: Sí, en ese sentido, tenemos una situación cualitativa de lujo. La tenemos… En el club de primera línea están las seis o siete lenguas más habladas del mundo: el árabe, el español… Luego están también las lenguas de estado. En otro grupo estarían también las que son lenguas de estados pequeños: el danés, el eslovaco, el esloveno… Son lenguas con un pequeño número de hablantes, pero lenguas de estado. Por eso, tienen todo lo que se podría tener. Por un lado, están las «súper grandes», como el árabe, el inglés, el chino, etc.; y, por otro, las lenguas de estados que no son grandes, pero que tienen todo lo necesario. Sería el caso de Eslovaquia, Eslovenia, Chequia o Dinamarca.

IRATI (LK): Pueden vivir sin vértigo.

MARTXELO: Viven sin ninguna angustia. Nosotros vivimos con esa angustia. Formamos parte de las lenguas sin estado, pero nos encontramos en una buena situación. Ese club es muy pequeño, es el del catalán, el nuestro, el del gallego… Hay también lenguas que son mucho más grandes que la nuestra, pero que están en el siguiente grupo de lenguas. En nuestra lengua tenemos más servicios… El euskera ocupa el segundo puesto en el ranking mundial de todas las lenguas sin estado. La primera es el catalán. En todo el mundo, salvo el catalán, no hay otra lengua que haya conseguido lo que ha conseguido la nuestra, a pesar de ser una lengua sin estado.

IRATI (LK): Y, según Otamendi, es importante permanecer en ese grupo, ya que de lo contrario podríamos quedarnos atrás en la revolución de tecnología lingüística que ha comenzado gracias al traductor neuronal.

MARTXELO: El euskera está en el tercer grupo. Y no podemos pasar, y lo digo con todo el respeto del mundo, a la situación de otras lenguas que tienen más hablantes pero que no tienen servicios, como es el caso del aimara, el quechua, el wólof, el mandinga, el diola… Como nos movamos hacia allí, está jodido. Tenemos que seguir perteneciendo al tercer grupo —están el catalán, el euskera y pocos más—, pero seguir en el segundo puesto en cuanto a servicios. Luego, no sé qué lenguas conseguirán un súper desarrollo tecnológico, pero el euskera debería estar entre ellas.

IRATI (LK): Estando en ese grupo, el euskera consiguió en 2010 entrar en la lista del traductor automático de la multinacional Google. Ahí ya no hay vuelta atrás.

MARTXELO: Si seguimos ahí, si damos la talla en la parte tecnológica, y continuamos dentro de ese club y, además, sabemos que tenemos aquí gente y generaciones que van a tirar del carro, que tienen las ideas muy claras, y que están decididas a «a este le voy a dar las explicaciones de oncología en euskera», entonces, vamos bien.

IRATI (LK): Vamos bien. Seguramente son palabras que oímos con demasiada poca frecuencia porque queda mucho por hacer y porque los problemas no escasean, pero conviene no perder la esperanza ni el valor para seguir trabajando y avanzando. Por el momento, esas palabras nos rondan en la cabeza mientras salimos del Parque Cultural Martin Ugalde y la verdad es que sientan bien. Sabemos que no es mucho y que tampoco es suficiente, pero es algo; y es innegable que ese algo no es poco.

 

 

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